Se sentó en mi ventanilla, y yo en el pasillo,-tampoco desde aquí tengo mala vista- la gente pasaba, algunos corrían, otros luchaban con sus maletas, mientras los ya sentados se comunicaban con su mp3, o 4, o iphone o vaya usté a saber qué aparato…
Volví a mirar de reojo a mi ladrón de ventanas, y sin querer me alegré de que el único artefacto que sacó de su mochila fue un libro.
Uff, lo que me faltaba, siempre me pasa, me muero de ganas de meter la nariz en el libro ajeno, al menos en la portada, sólo un poquito, fisgar el título…si la vista no me da pa más.
Y zás! Me pilló, horror, -se titula ¿tú no tienes libro propio?- dijo con media sonrisa.
Creo que el calor subió hasta mis mejillas, y me jode un huevo no saber si el otro se está enterando de mi turbación o no.
Intenté sonreír mientras le decía que si, que tenía mi libro pero que no es tan divertido como un libro ajeno….creo que salí airosa y hasta le caí bien, porque cerró su libro y añadió un – ah, pues quiero probar esa diversión, esperaré que saques el tuyo-
Otra vez quise gritar ¡mierda! , una siempre lleva algo interesante o normal al menos, excepto cuando hace falta, ya sabéis, siempre queda mejor sacar algo así como “Cien años de soledad”, o “La iliada” si me apuras…….que…, ¿qué qué llevaba yo encima?, algo así como liguemospuntocom, tomayá, de esta no saldría airosa ni aunque me vendieran la insipiración a kilos…
….continuará.
